Semana 1
La vitrina de hoy
Lo que salió del horno esta mañana, con foto. Se cambia mientras se enfría la segunda tanda, y el que va llegando a la fila ya sabe qué va a pedir.
UsosCafeterías
La vitrina de la mañana, el origen del café que estás pasando, tus reseñas de Google y la clave del wifi. Es la misma pieza en la misma mesa: lo único que cambió fue a dónde apunta, y cambiarlo no costó un cinco.
₡0al mes, y ningún cambio se cobra
Sin límitede cambios de destino
Uno por unocada tab se programa aparte
El mes de un tab
No hay que elegir un destino para siempre. Sirve mientras sirve, y cuando deja de servir se cambia — que es exactamente la parte que con un QR impreso no existe.
Semana 1
Lo que salió del horno esta mañana, con foto. Se cambia mientras se enfría la segunda tanda, y el que va llegando a la fila ya sabe qué va a pedir.
Semana 2
Origen, finca, notas de la taza. Al que le importa le importa mucho, y es buena parte de por qué vuelve acá en vez de ir al de la esquina.
Semana 3
Es el único negocio donde el cliente se queda sentado media hora. Pedir la reseña ahí no interrumpe nada, porque no hay nada que interrumpir.
Semana 4
Deja de ser la pregunta que corta a quien está cobrando. Y el que la pide es justamente el que se va a quedar dos horas.
Y a la quinta semana vuelve a la vitrina. Tampoco hay que elegir uno para todos: los del mostrador pueden ir a la vitrina mientras los de las mesas están en el wifi, porque cada tab se programa por su cuenta.
Por qué acá funciona distinto
En un restaurante el cliente come y se va. En una soda, más rápido todavía. Acá se queda con la computadora abierta y el café a la mitad, y eso cambia qué tiene sentido ponerle delante.
El que está sentado media hora sí abre el origen del café, sí ve qué hay para mañana y sí lee de dónde viene el grano. En una mesa que rota en veinte minutos eso no pasa nunca.
Nadie deja una reseña con el abrigo puesto y la puerta en la mano. La deja sentado, sin apuro, si tiene el enlace a un toque en vez de tener que buscarte en Google.
El que pregunta la clave es el que se va a quedar. Dársela desde la mesa evita interrumpir la caja, y lo que abre es una página tuya, no un papelito pegado con cinta.
Lo que siempre preguntan
Sí, y en cafetería es de los usos que mejor funcionan. Apuntas el tab a tu perfil de Google unas semanas y después lo devuelves a la vitrina o al menú.
Sí. Cada tab se programa por separado: los del mostrador pueden ir a la vitrina y los de las mesas a la clave del wifi o a tus reseñas.
Las veces que quieras, sin costo y sin límite. Hay cafeterías que lo cambian a diario, cuando sale el horneado de la mañana.
No. El tab lleva a una dirección que ya exista: tu Instagram, tu página, un PDF o tu perfil de Google. Tú eliges cuál y la cambias cuando quieras.
Es donde más rinde. El que hace fila tiene el teléfono en la mano y dos minutos muertos; si ahí ve la vitrina, llega a la caja sabiendo qué pedir en vez de decidirlo con cinco personas atrás.
Nada. Los tabs son una compra única desde ₡4,800 cada uno y no hay mensualidad ni cobro por los cambios de destino.
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Puedes empezar con el del mostrador y sumar los de las mesas después: los nuevos se programan igual que los primeros y no hay que tocar lo ya instalado.